Una laguna queda en esta inmensidad
la realidad me pinta barrotes
como a un monigote de rutinas varias
no hay oración en mi boca
ni fuego en mis manos
apenas un rosario de penitencias
desteñidas...
No hay lugar donde mi cuerpo quepa
mi alma lo transfigura todo
hasta este lodo que alimenta mi palabra
no hay escucha en la que confíe
ni reflejo que me perdone
apenas una sombra que no impresiona
a nadie...
Los niños me lanzan piedras acusetes
con sus lanzaderas belicosas
me inventan la culpa
me acuñan la condena
no hay juez con bata inmaculada
ni biblia que lo avale
apenas un vientre de soledades
estérlies...
Grandes son las montañas
Dios allí a veces se hace presente
pero como siempre
llegó tarde a su morada
no hay viento que eleve esta ceniza
ni océano que limpie esta mancha
soy La Manzana con la semilla
maldita...
Lichazul © Elisa



